El vínculo entre una costarricense y un dominicano truncado en el Jet Set

Santo Domingo, República Dominicana – “Hermana de mi corazón, ya estoy más cerca. Solo espérame.” Con estas palabras cargadas de amor, fe y desconsuelo, Jarumy Sánchez Solórzano se despidió de su hermana Karla Sánchez, quien se convirtió en la víctima número 226 del trágico colapso del techo en la discoteca Jet Set, ocurrido la noche del 8 de abril.

Karla, de 41 años, era originaria de Desamparados, en Alajuela, Costa Rica. Había viajado a República Dominicana para disfrutar de unas vacaciones junto a su esposo, Pedro Leonardo Cepeda, ciudadano dominicano. Lo que prometía ser un tiempo de descanso y celebración, terminó en una pesadilla mortal en medio de una presentación del reconocido merenguero Rubby Pérez.

Durante el colapso, ambos fueron sepultados por los escombros. Karla fue hallada con múltiples traumatismos: un pulmón colapsado, hemorragias internas y una severa contusión en la columna vertebral. Fue trasladada de inmediato al Hospital Marcelino Vélez Santana, donde permaneció en estado crítico. Pese a una cirugía de emergencia, falleció en la madrugada del sábado en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Aunque el deceso fue confirmado oficialmente por el Servicio Nacional de Salud (SNS), su identidad fue revelada posteriormente por familiares en Costa Rica. Una emotiva publicación de Jarumy, con una foto junto a su hermana y un conmovedor mensaje de despedida, se volvió viral, tocando profundamente a miles de personas dentro y fuera del país.

Pedro Leonardo, su esposo, también perdió la vida esa misma noche. Ambos asistían al tradicional “Lunes de Merengue”, sin imaginar que ese lugar, símbolo de alegría y música, se convertiría en escenario de una de las peores tragedias recientes en República Dominicana.

De acuerdo con testimonios y reportes preliminares, el techo del Jet Set ya mostraba signos evidentes de deterioro. Se habría venido abajo debido al peso excesivo de equipos instalados sin el soporte estructural adecuado, incluyendo aires acondicionados, tanques y una planta eléctrica. La falta de mantenimiento y presunta negligencia técnica están siendo investigadas como posibles causas del derrumbe, que afectó a más de 400 personas.

La historia de Karla Sánchez le pone rostro humano a esta tragedia. Vino a celebrar, a desconectarse, a disfrutar de la vida… y encontró la muerte en un lugar que debía ofrecer seguridad. Su partida ha provocado una oleada de dolor tanto en República Dominicana como en Costa Rica, donde su comunidad aún intenta asimilar la pérdida.

La voz de su hermana Jarumy resuena como eco del dolor compartido por cientos de familias que exigen justicia. “Solo espérame”, escribió, en una despedida que hoy simboliza no solo el lazo eterno entre hermanas, sino también el vacío que deja esta tragedia.

Hoy, el nombre de Karla se suma a una dolorosa lista. Pero su memoria permanece como un recordatorio urgente de lo que falló… y de lo que jamás debe repetirse. El país entero clama por respuestas, por justicia y por medidas que eviten que otra vida se apague en un lugar donde solo debía haber música, alegría y baile.

Leave a Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *