La calma que reinaba en la calle 1ra de Cancino Adentro se desvaneció cuando el llanto de una niña rompió el silencio nocturno. “Ese tiene que ser el motor de mi papá, voy a ver si ya llegó”, murmuró con la voz quebrada mientras apresuraba el paso hacia la esquina. A unos metros, una mujer la observaba con la mirada vacía y apenas alcanzó a decir: “Ella no entiende… todavía lo espera”.
La pequeña, de apenas cinco años, es la hija del medio de Luciano Custodio Figueroa, quien perdió la vida el sábado 8 de noviembre durante un asalto en Altos del Cachón, en Santo Domingo Este. De acuerdo con el informe de la Policía Nacional, alrededor de las 6:31 de la tarde, dos individuos a bordo de una motocicleta negra lo interceptaron para despojarlo de su vehículo, una motocicleta Haouje Xpress azul. En el forcejeo, uno de los atacantes disparó y el proyectil impactó en el pecho de Custodio Figueroa, causándole la muerte.
En la escena, los investigadores recolectaron varias evidencias: un casco, un teléfono móvil, una mariconera con documentos, una cápsula y un proyectil. Estos elementos fueron incorporados al expediente que analiza el Ministerio Público.

Gracias a cámaras de vigilancia y al apoyo del Sistema Nacional de Emergencias 9-1-1, las autoridades lograron identificar a los presuntos responsables. Se trata de Diorlin César Reyes Pérez, conocido como “Cacón”, quien se entregó voluntariamente acompañado de representantes de derechos humanos, y de Wilmer Antonio Emiliano, alias “El Guardia”. Ambos se encuentran bajo investigación.
El hermano mayor de Custodio Figueroa agradeció la rápida acción de las autoridades, aunque el dolor sigue intacto. “Es muy duro despedir a mi hermano menor. Era trabajador, un hombre de familia… dejó tres hijos sin su papá”, expresó con voz entrecortada.
Otro de los hermanos, Rafelito, pidió medidas más firmes contra la criminalidad. “Está bien, agarraron a esos dos, pero ¿y los demás que andan haciendo daño? Si el gobierno quiere, esto se controla”, reclamó.
Mientras tanto, en la humilde vivienda de la familia, los comunicados oficiales parecen lejanos. Entre abrazos, silencio y lágrimas, una niña continúa mirando hacia la esquina esperando ver regresar la motocicleta azul que, aquella noche, nunca volvió.
